Dic 13 2015

Una semana para unas nuevas elecciones y uno empieza a pensar, a darle vueltas a las diferentes opciones. Miras hacia atrás para ver que han hecho los viejos del lugar y miras hacia adelante para ver qué proponen, ellos… y los recién llegados.

Le echas un ojo a sus programas, sobre todo a las partes que más te pueden afectar en función de tu situación personal y la de tu entorno.

Ves quiénes forman parte de sus equipos, de dónde vienen, qué quieren y, sobre todo, si son repetidores, miras si han mirado por ti o por ellos…

Vamos, que concentrar todo en el Día de Reflexión se hace complicado.

El caso es que ha caído en mis manos un gráfico de la OCDE que habla de la confianza que tienen los ciudadanos en sus gobiernos. Y, cómo no, nos llevamos la palma. Somos los terceros, empezando por el final, solo el 21% de los españoles confía en el Gobierno… en las antípodas no está Nueva Zelanda, está Noruega, un 70%!!!

Aquí se lo han ganado a pulso. Y allí también. Cuestión de prioridades… y de clase.

Y no de ir a clase, que ahí también nos ganan. Si no de tener CLASE.

Y no es cuestión de ir a la moda, ni de ser elegante vistiendo. No es cuestión de comprar billetes premiados de lotería de forma compulsiva, ni de comprar obras de Arte sin entender ni apreciar. No se trata de ‘aceptar sobres’ aunque sean del mejor papel. Ni de exigir a los ciudadanos sacrificios y que a ellos no se les vea predicar con el ejemplo.

No es una cosa de posición social. Tampoco de si la Educación ha sido pública, privada o concertada. Ni mucho menos de cómo te ha ido en la vida y de si has triunfado en ella como Massiel en Eurovision.

Tener clase es un don. Algo que parece escaso en ‘ese gremio’ que nos quiere representar, y que parece otorgar la madre naturaleza a dedo a algunos privilegiados, independiente de su clase, sexo, edad, situación, religión o posición.

Es una secreta seducción que los elegidos segregan a través de su forma de ser y estar. Algo natural. Sin aditivos. Algo que ni ellos pueden evitar.

Fascina tanto como el propio talento natural que puedan poseer, siendo éste y su nobleza física un par de regalos añadidos que podríamos añadir al pack. Pero sí, su principal activo es la belleza moral, que encandila y engancha desde el primer contacto, hayan ido o no a la mejor peluquería de Madrid, y que desde el interior de estos individuos agraciados por esta divinidad, determina cada uno de sus actos.

Estamos rodeados, aunque no nos percatemos, ya que es otra de sus características, no buscan ni necesitan ningún tipo de protagonismo. Puede ser un campesino que no ha tenido la oportunidad de formarse o un artista consagrado, un artesano de un pueblo perdido de Galicia o un científico en un prestigioso laboratorio americano, un funcionario municipal o una profesora de español en algún gélido país… sí, y también muchos que han venido a nuestro país otrora buscando un futuro mejor trabajando en lo que iba apareciendo en cada momento…

A todos les une algo. Tienen CLASE. Es un lujo tenerles cerca. Son apasionados y eso les hace ser excelentes en su oficio. Cumplen con su deber por ser su deber. No le dan más importancia.

¿De cerca? Les puedes descubrir por su aura. Un aura estética propia. Su manera única de escuchar, de mirar, de hablar, sus mágicos y enriquecidos silencios. Su forma única de expresarse. De sonreír. Su búsqueda de ayudar pero permanecer siempre en un discreto segundo plano. Sí, jamás rehuyen la ayuda a los demás. Tampoco la entrega a cualquier causa noble que requiera de ellos, y siempre alejados de formas agresivas, como si la Educación les haya llegado por ciencia infusa o a través del aire que respiran.

Decía que no es cuestión de ir a la moda o de ser elegantes, pero es que hay que reconocer que, además, tienen buen gusto y les sienta bien todo. Es esa elegancia que se lleva en los huesos desde que se nace.

El caso es que nuestro país sufre una grave dolencia de vulgaridad insoportable. Cámaras, redes sociales y micrófonos están al servicio de cualquier patán, con perdón, que quiera cinco minutos de gloria o cuatro años para chupar del bote. De nuestro bote, os recuerdo. Y con una consecuencia grave, y es que sus actuaciones afectan a la imagen y reputación de toda la sociedad.

Chabacanería, haberla hayla, también mal gusto y poco respeto, pero también hay gente con CLASE, ciudadanos resistentes que se niegan a perder la dignidad.

Están ahí, a la derecha, a la izquierda o en el centro; rojos, azules, naranjas y morados. Solo es cuestión de detectarlos. Recordad ese toque de distinción  que emana de sus cuerpos. Son quienes purificarán la sociedad y nos permitirán vivir sin ser totalmente humillados.

¿El 20 de diciembre? Votaré por estar con alguien con CLASE… Siempre!!!

 

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Emprendedor. 'Soñador y apasionadamente inquieto'. Cofounder @Talk2Us_ y @EstrellasyTuits. Dtor Area y Profe Marketing Digital en @IMFFormacion. Directivo @ACENOMA

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