Feb 15 2015

Cuenta la historia, un relato de esos de carretera y misterio, que en una pequeña aldea que se encontraba entre escarpadas montañas, uno de los vecinos decidió emprender su propio camino y cuando llegó al puerto que se abría entre dos de las cumbres… desapareció.

Pero qué cosas, la tendencia centrípeta de la mayoría contrasta con el espíritu centrífugo de los menos. En una sociedad en la que se venden tan bien las raíces, tradiciones, el terruño… los que deciden ‘fugarse’ a veces parecen traidores, raros, insolidarios e incluso asociales. Cuando regresan, cargados de morriña, eso sí, llegan al que fue su mundo y lo verán bajo otro punto de vista, menos suyo, más extraño. Hasta alguno tendrá la sensación de que es la primera vez.

Soy de una tierra de gente que, pese a amarla con todas sus fuerzas y tener más arraigo que nadie, tuvieron que hacer las maletas e ir a los sitios más dispares. A veces a la ciudad más cercana, otras a la punta más recóndita del planeta. Ya dice la canción que hasta hay un gallego en la Luna.

Para la mayoría, una verdadera travesía, una aventura… una expedición en toda regla.

El éxodo más reciente, en los sesenta. Gente que huía de una sociedad dominada por curas, policías y militares. Funcionarios que no servían al ciudadano. Eran dioses tras una ventanilla. Una sociedad acostumbrada a vivir de rodillas y que respiraba miedo. Sí, parece que a todo se acostumbra uno.

Los que se iban descubrían un mundo donde muchas cosas sucedían y eran posibles.

Muchos llegaban con lo puesto y poco más. Sin un céntimo. Momentos de subidón y momentos de querer morirse. Pero ver otro mundo, vivirlo, enseñó a aquellos valientes que hay otras formas de vivir, que hay sociedades bien organizadas y qué cosas, son tolerantes y llegan a estimular la diferencia.

Se buscaban la vida, trabajos para salir adelante y poder enviar dinero a sus lejanos hogares. Los que podían estudiaban y buscaban ser personas de provecho. Diccionario en mano leían libros e inundaban de traducciones sus márgenes. Así aprendieron ingles, alemán… lo que hiciese falta. Tenían necesidad y eso agudizaba su iniciativa, ingenio… y talento. Eran unos buscavidas.

Algunos volvieron a apoyar manifestaciones en contra de un régimen que, después de abiertos los ojos en el extranjero, descubrieron que no tenían por qué aceptar.

Hoy algunos jóvenes están repitiendo la historia. No han celebrado su último cumpleaños en familia. Han conseguido, gracias al esfuerzo de los suyos, realizar estudios fuera de nuestro país. Unos valientes.

Regresarán algún día. También los que se han ido con un Erasmus. Incluso me atrevo a decir que volverán aquellos que se tuvieron que ir porque nos gastamos el dinero en obras faraónicas hoy desiertas e inversiones fallidas en proyectos políticos con mucho ego pero sinrazón…, en lugar de invertir en otro modelo productivo que generase riqueza y empleo.

Admiro a estos valientes. Saben que a veces es la única manera de vivir de verdad. Buscan calidad de vida. Huyen de la miseria moral, social y laboral en la que nos hemos ido metiendo sin remedio.

¿Culpables? Todos. Tenemos los gobernantes que hemos elegido. Que pasan de nosotros, pero bajan las orejas ante presiones internacionales, que prefieren unos números bonitos (¿reales?) y mirar a otro lado cuando se desahucia, embarga, despide… e incluso castigan si protestas.

Y nosotros pues nada, nos negamos muchas veces a ver la realidad. Somos una sociedad que abusó de la confianza y olvidó los valores. Relegó a un último plano a cosas tan importantes y fundamentales como la mismísima Educación. Nos cegó el dinero. Un dinero que muchas veces llegaba fácil, sucio… y negro. ¿Y qué hemos conseguido? Hipotecar a nuestros jóvenes. Les hemos traicionado.

Pero ellos son listos…. y se van. Vuelve a haber salida. La misma que hace 50 años. Esperemos que el resultado sea el mismo. Muchos de los que se fueron hace 50 años volvieron para ayudar a provocar el cambio que necesitaba nuestro país. Ellos se van. Un día verán mucho mejor. Y decidirán no parar hasta que este país cambie. Le está está haciendo falta. Nos está haciendo falta. Y, conseguir, como decía Margaret Tatcher, ‘el derecho del hombre a trabajar como él quiera, gastar lo que genere con su esfuerzo, disponer de sus propiedades, tener al Estado como sirviente, no como amo. Esta es la esencia de un país libre‘… Sin duda, así debería ser… Siempre!!!

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jlcasal

Emprendedor. 'Soñador y apasionadamente inquieto'. Cofounder @Talk2Us_ y @EstrellasyTuits. Dtor Area y Profe Marketing Digital en @IMFFormacion. Directivo @ACENOMA

(4) Readers Comentarios


  1. Ángela
    16 febrero, 2015 at 11:13 am

    Me encanta el título de tu post. Creemos que el país donde nacemos y la cultura donde nos criamos, nos hace ser como somos, aunque la genética no tenga nada que ver, tenemos comportamientos aprendidos que nada más nacer reproducimos. El colegio, la familia, los amigos, la experiencia así no los demuestra. Somos un pueblo luchador y emprendedor, soñador.... pero también resignados. En el s.XV , en nuestras "tierras no se ponía el sol", en el 1570 bancarrota...¿nos suena de algo?. Yo también procedo de una tierra de emigrantes: Andalucía. Puede que no sea políticamente correcta, pero no es la misma situación la de ahora que la de los años 60 o la de la posguerra. Entonces fue una emigración masiva, muchos de los que se fueron apenas si fueron al colegio y huían también de una dictadura. Mi generación y la de mucho de nosotros ha sido la que más ha disfrutado de todo. Vivimos en democracia, empezamos a tener derechos sociales, nuestros padres pudieron darnos estudios, nos dieron todo lo que ellos no pudieron ser y sobre todo la ilusión de que España había cambiado. No voy a contar que nos ha pasado, hay miles de artículos, programas del día a la noche en la televisión que lo cuentan. Pero hay algo que suena a "ya nos pasó antes". Es una pena que gente tan preparada se tenga que marchar fuera. Pero no queda más remedio. No sé hacia donde vamos, será diferente del país que hoy tenemos, pero espero que entre los que nos quedamos y los que se van, demos lo mejor de nosotros mismos para contribuir a mejorar el estado de las cosas.

    • jlcasal
      16 febrero, 2015 at 3:31 pm

      No puedo estar más de acuerdo contigo. Muchas gracias Ángela por tu comentario ;)

  2. Marta
    17 febrero, 2015 at 10:45 pm

    Me ha gustado mucho tu post. Me quedo con: "Somos una sociedad que abusó de la confianza y olvidó los valores". Confianza y valores son dos palabras claves de cualquier relación en cualquier contexto y nivel. Según mi humilde opinión, el problema está en que nos olvidamos de que la confianza se consigue con mucho esfuerzo y a lo largo de tiempo a través de constantes acciones. Una sola acción es suficiente para romper la confianza. En cuanto a los valores considero que un problema reside en olvidar que los valores cambian como consecuencia de las experiencias y/o intereses. Las reglas del juego implícito en la confianza se rompen cuando los intereses están aferrados a la individualidad en lugar de trascender al orden colectivo. Solo para poder ver mejor hay que tomar distancia. Jose Luis, estoy totalmente de acuerdo que se necesita valentía y coraje, otras dos palabras que están dentro del diccionario de las 24 fortalezas de Seligman y Peterson. ¿Serán la educación y entrenamiento en las fortalezas humanas el mejor de los legados que podemos dejar a las nuevas generaciones? Seguramente puedan ir construyendo una sociedad mejor que la que tienen hoy.

    • jlcasal
      22 febrero, 2015 at 9:21 pm

      Totalmente de acuerdo Marta y apostemos por dejar lo mejor a las próximas generaciones... ;) Gracias!!!

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