Oct 19 2014

Dolor, lo que se dice dolor, pues no es lo que duele. El dolor es una consecuencia. Un efecto secundario. ¿De qué? Pues de algo que nos ha hecho sufrir y muchas veces, casi todas, todavía lo hace. ¿Su cura? Poca medicina, poco medicamento y muchos consejos, conversaciones con Amigos, cafés… Así que no, lo que duele no es el dolor.

Y porque duele, dimito…

Dimito porque duele ver a uno y otro lado un abuso total del poder. Del todo vale. Del voy por el camino del medio porque si no se enteran mejor y si se enteran da igual.

Dimito porque duele no sentirse representado por esos a los que votas y luego solo piensan en ellos y en sus Amigos. ¡Qué bonita es la amistad!

Dimito porque duele ver como se jactan de datos en caliente y gráficos de colores; y niegan y miran para otro lado cuando se habla de personas viviendo una vida fría y sin color.

Dimito porque duele que se rían en tu cara al decirte que tienes la culpa de tener 80 años e invertir en algo que deberías saber lo que es y ellos gastan lo que no está escrito y afirman no saber que no se podía hacer.

Dimito porque duele no sentirse representado por esos que dicen ser como tú y que al final resulta que tienen más que tú… en el banco, pero son pobres porque tienen muchísimo menos que tú… en el corazón.

Dimito porque duele ver como echan balones fuera y no son responsables ni de sus cargos ni de sus actos. Porque siempre la culpa es del que se tocó por error, del que conducía… siempre de otro, nunca de ellos.

Dimito porque duele ver como juegan con la salud de todos, con la educación que forjará nuestro futuro, con el esfuerzo y la ilusión de los que creen en un mundo mejor… con los que reflotan lo suyo y hunden lo ajeno.

Dimito porque duele ver que soy de los pocos que creen en un futuro ilimitado. No creo en futuros de cuatro, quizás ocho, años como ellos. El mundo no se acaba con ellos. Se acabará por culpa de ellos.

Dimito porque duele ver como los valores de la bolsa no dejan de revalorizarse. En cambio los valores y la ética se desploman sin remedio. Pero duele más todavía al ver que elegimos meter nuestro dinero en los primeros para especular, que en los segundos para resucitar.

Dimito porque duele que se critiquen para lo que nos afecta a todos y haya silencio y unanimidad cuando les afecta solo a ellos.

Dimito porque duele y no es ni siquiera por llorar. Lo que duele es tener tantas razones para tener que hacerlo. Es esta maldita sequía de lágrimas. Y esta cochina culpabilidad que nos hacen creer y ver que tenemos.

Dimito porque duele la ausencia. Eso que deja alguien querido que ya no está. Echar de menos para siempre. Que se ha ido por uno u otro motivo, siempre triste, sin esperanza de vuelta.

Dimito porque duele no saber consolar a quien más quieres. Duele no conseguir que sus labios formen la curva más bella. Con una broma, una chascarrillo, una chorrada de las mías… fracasar.

Dimito porque duele la distancia. Conmigo, contigo… pero de palabra, de pensamiento, pero incapaces de llevarnos más. Haber caído ante nuestro mayor logro, ante nuestro mayor triunfo.

Dimito porque duele rendirse y no saber cómo volver a intentar algo. Darse por vencido . Darse por imposible. Ser conscientes de nuestra propia incompetencia.

Dimito porque duele lo que se deja atrás con indiferencia. Un remolque sin frenos lleno de recuerdos que nos persigue a la misma velocidad. Y un temor. El temor a que en algún momento nos pueda atropellar.

Dimito porque lo que duele no es que la gente opine. Duele que lo hagan al tuntún, que lo hagan de cosas serias como quien lo hace del tiempo y a cambio de nada, de bajar la cabeza, de no actuar, de no tomar medidas. Eso no vale.

No, lo que duele no es el dolor.

Y es que al final dimito porque el dolor es esto que me ha venido en este instante, porque quién lo tiene que hacer no lo hace, porque, como no actuemos, lo que más duele es todo lo que vendrá… Siempre!!!

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