Mar 16 2014

Vuelvo de Bruselas con las pilas cargadas, motivado, ilusionado y lleno de ideas. Y apostando por un proyecto, el europeo, en el que siempre he creído y he defendido.

¿Pero qué pasa? ¿Por qué hace aguas? ¿Por qué Europa parece estar tan lejos?

Hablas con la ‘gente de Europa’ y todo parece sencillo, todo es cercano, todo es… posible. ¿Pero qué ocurre por el camino? ¿Quién saquea esos ‘posibles’?

¿Que de qué hablo? No es difícil. Mirad a vuestro alrededor. Los síntomas de empobrecimiento de la población y las desigualdades entre clases están por todos lados.

Las políticas contracíclicas que se llevaban a cabo en occidente desde la Gran Depresión con el fin de reducir las diferencias sociales empezaron a desaparecer en los noventa, y desde el estallido de la crisis, que llevamos sufriendo desde hace siete eternos años, las desigualdades se han incrementado de forma alarmante. Y todo, por salir guapos en una foto. Una foto en la que no salen personas. Salen números. Pero claro, la pobreza es una abstracción salvo para quien la padece.

Que no, que no, que no estoy loco. Y sí, ya sé que el Gobierno dice que estamos ya casi bien y que saldremos reforzados y no sé cuantas cosas más. Pero también dicen que se sienten Europa y han iniciado una precampaña y ni tan siquiera tienen candidato.

O sí, a lo mejor es que estoy loco y también lo está la Comisión Europe, la OCDE, Eurostat y no sé cuantos organismos más. Ellos en sus estudios, motivo debe ser entonces de mi locura, reflejan ese aumento en los índices de pobreza y de desigualdad. Dicen además que por culpa de la crisis de deuda de 2007 estos índices estallaron y provocaron durísimas políticas de austeridad en algunos países.

Pero no quiero caer, como ellos, en ‘fotos de números’. Cáritas, durante la crisis, ha pasado de atender 370.000 personas a casi un millón y medio. En Grecia hay casos de peste y malaria. Italia tiene el índice de pobreza en máximos de 20 años y en Inglaterra el número de personas que van a comer a comedores de beneficencia se ha multiplicado por veinte. ¿A que esta foto ya no es tan bonita?

Pues imaginaos como será la foto española. Ocupamos el segundo puesto de Europa en cuanto a brecha social y también el segundo puesto en cuanto al mayor aumento experimentado de ésta.

Ahora me diréis que estamos así todos y no sé qué más. Por un lado ‘mal de muchos, consuelo de tontos’, pero por otro, decir que no es así. Los países centroeuropeos más o menos han pasado el bache y algunos, como Alemania y Holanda han conseguido lo contrario. Reducir diferencias.

¿Ajustes? Más, menos, insuficientes, demasiados… ¡¡¡qué importa!!! Importa todo lo que se ha quedado por el camino. Importa todos los que se han quedado por el camino. Los de la foto están contentos, aunque todavía dejan caer que ha salido un poco movida y que la hay que repetir.

Utilizando sus números, un dato, y es de Eurostat, no mío: el 20% de los más ricos de nuestro país gana siete veces más que el 20% más pobre. Más que al principio de la crisis. ¿Os parece normal? ¿Es justo? Yo que sé. Yo ya no sé nada.

¿Qué es lo que ha pasado? Pues que la máquina se ha detenido. La economía se ha parado y la población estancado. Una brutal política de austeridad que se ha cargado el sistema, para nada, porque no ha funcionado. ¿Qué ha pasado con el Estado de bienestar? K.O.

Y todo por celos. Por no ser Europa. Porque cada uno ha remado por su lado para ser el más guapo. Porque no hay unión fiscal. Porque la palabra UNIÓN les queda muy grande. Pero no me extraña. Han ido por libre con los ciudadanos de su país, así que, es normal que vayan por libre con los ‘vecinos’. No hay sentimiento de pertenencia.

Dicen desde la Comisión Europea que ‘Europa encara una era de desigualdad creciente; la crisis ha golpeado particularmente a los más débiles, a las generaciones más jóvenes y a las ciudades y regiones más pobres. En los dos últimos años hay más de siete millones de personas adicionales en riesgo de pobreza. Hay que moverse para salvaguardar el modelo social europeo’. Tengamos cuidado, la desigualdad corrompe a las sociedades desde dentro. Es altamente corrosiva.

Lo que está pasando destruye el contrato social europeo y puede que, espero que no, acabe desencadenando problemas sociales. Es necesario un golpe de timón desde Europa. Más tirones de orejas a los países y más UNIÓN de verdad. La labor de información será fundamental, para que los ciudadanos no se queden siempre con que la culpa es de Europa y que hacemos esto y lo otro porque nos manda Europa. Y, sin embargo, en Europa no sepan de qué va la historia.

La ciudadanía necesita saber que en Europa la alternancia política no es meramente decorativa. No debe tener la impresión de que nada cambia en Bruselas o Estrasburgo, y de que no se hace nada en esos centros de poder y decisión. De ser así, el proyecto europeo caerá en el populismo y se desviará el punto de mira del que debería ser el auténtico objetivo: reformas fiscales reales y ágiles y cooperación fiscal internacional para taponar los agujeros negros del sistema financiero.

Por terminar y resumiendo, después de la Gran Depresión, se inventaron las políticas contracícilicas: para acortar recesiones y aliviar el sufrimiento de los más desfavorecidos. Muchos gobernantes insisten en que las medidas de austeridad que se han tomado son el precio que hay que pagar para purgar los pecados del pasado, el despilfarro fiscal y la falta de reformas. En cierto modo, los políticos que han abrazado esa narrativa tienen razón, pero en algún momento alguien tiene que darse cuenta de que todo este castigo tiene algo de inmoral y puede llevarse por delante todo el proyecto europeo.

Yo, insisto, creo en el Proyecto Europeo. Pero siempre y cuando el término UNIÓN EUROPEA sea real y de verdad y no de conveniencia. Y que las fotos, a partir de ahora, sean de personas… Siempre!!!

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