Sep 07 2014

El caso es que estamos en una situación delicada, parece que sí, pero es que no. Las cosas no van tan bien como parecen y los grandes números de la economía son eso, grandes e inalcanzables para la mayoría.

Pero es muy fácil echar la culpa siempre a los demás y no hacer nada. Es muy fácil quedarnos sentados porque como hemos delegado esas funciones en los que nos gobiernan pues nada, les echamos la culpa de nuestros males y listo. A esperar a que venga la ‘solución divina’ mientras nosotros estamos en nuestro cuartel general viendo como uno u otro equipo mete más goles, que eso sí es capaz de sacarnos de nuestras ‘casillas’, Iker, para bien o para mal, y nos lanza a la calle para celebrar un triunfo o reclamar una injusticia con el ‘pichichi’ de turno.

Para el resto, somos como viejos gruñones. Y no olvidéis que el hombre que gruñe, al final se parece más al perro que al hombre y, si no cambia, acabará viviendo una vida de perros…

Para otros será un ingrato. Un desagradecido. Y muchas veces, con razón. La vida nos brinda una abundancia de posibilidades para que nos vaya bien, para ser felices y agradecidos. Los que se quejan de todo lo único que demuestran es que no se sienten agradecidos de todo lo que les brinda la vida.

Sí, ya sé que la Torre de Hércules no tiene ascensor. Pero no te quejes y disfruta del monumento, patrimonio de la humanidad, del entorno, de las vistas, del momento… de la compañía!!!

Si no disfrutas y te quejas, acabas contagiando a todos a tu alrededor. ¿Nunca os habéis fijado? Se juntan tres, uno es un protestón, y al rato ya están todos rajando. No puede ser. No dejemos que las manzanas podridas ‘envenenen’ toda la cesta.

¿Sabéis quién era Peyrefitte? Fue ministro con de Gaulle y creo que con Pompidou. Pues cuenta Vaughan que cuando se descubrió petróleo en el Mar del Norte, en los sesenta, los países de la zona obtuvieron licencias de extracción y empezó la competición de… ¿quién la tiene más grande?. Francia logró el triunfo, el orgullo de la nación. Era la más grande, la más avanzada, la más… casi todo. Pero era la menos productiva. ¿Qué pasaba? Que los que allí trabajaban protestaban por todo y como arma dejaban de trabajar. Mientras todas las plataformas de los demás países no paraban de extraer petróleo, la francesa, todavía sin terminar, sufría innumerables paros. El ministro, desesperado, optó por despedir a 450 trabajadores franceses y contrató otros tantos de otras nacionalidades europeas.

Pasó una semana y el rendimiento era de récord y, ¿sabéis una cosa? los que destacaron especialmente fueron los cien franceses que se habían librado.

La clave fue integrarlos con gente de otra mentalidad, positivos, para que se ‘pusieran las pilas’ y no dejasen el proyecto a medias. El orgullo les pudo y demostraron al resto su valía. Igual que cuando un niño no llora cuando se cae delante de extraños, el orgullo cuando se levanta hace que la costumbre de quejarse desaparezca.

¿En nuestro país? Pues nos está pasando algo parecido. Estamos en una situación delicada, el tiempo juega en nuestra contra, pero criticamos y nos quejamos por lo bajinis pero no reaccionamos, permanecemos inmóviles. Sí, sí, salvo que marque Cristiano o Messi. Así que, señoras y señores, toca pulsar el botón de reinicio porque puede que estemos mal, pero no estamos muertos y nuestro potencial es infinito.

Nuestro país es un hervidero de buenas iniciativas. Hay buenos y grandes Emprendedores. Eso se traduce en que tenemos una fuente inagotable de creatividad e innovación.

Así que, toca tragarse la queja, la protesta barata y ponerse a funcionar, o nos cogerá el toro, y no el de Osborne precisamente.

Presumamos de lo que tenemos. Potenciemos nuestras habilidades. Es posible cambiar nuestro país… y el mundo. Toca hablar un nuevo idioma, el del futuro.

Este país será de los innovadores. Ellos sí que hablan ese idioma. El resto, si no lo habla, que crea en él mientras lo aprende.

Tened que en cuenta que…

· ¿La crisis? Ésta es una palabra que únicamente se le atraganta a quienes ven el presente con los ojos del pasado.

· No nos podemos equivocar, la innovación no es tecnología. La innovación es cultura.

· Ah! y no, no pide permiso. Premia y recompensa a quienes lo  merecen y olé por ella, porque no teme canibalizarse.

· ¡Reivindiquemos el fracaso de una vez! Ya dije un día que permanecer en pie no es importante. Lo importante es nuestra velocidad de reacción y el tiempo que tardemos en volvernos a levantar.

· Olvidad eso de ir de guay y de cool. ¿Qué son esas palabrejas? Siempre hemos estado rodeados de ‘makers’. Se llaman ‘Artesanos’, ‘Emprendedores’, ‘Soñadores’. Y ya veréis, serán sí o sí parte de la próxima revolución industrial.

· Aprovechad la red. Utilizadla para algo más que colgar la foto del gintonic con macedonia. Hay que conectar nuestras excelencias. Todos las tenemos, pero viven aisladas. Hay que provocar las condiciones necesarias para ello.

· Seleccionad muy bien vuestra formación. Sabed un poco de todo pero sed los mejores en algo.

Empecemos cuanto antes. El futuro es el presente… Siempre!!!

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